lunes, 24 de agosto de 2009

No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace su compadre


¿A quién se le fue a ocurrir proponerle ser candidato delegacional por Iztapalapa a un hombre que había hecho de todo en su vida menos lo que se necesita para ser un buen político? Sin embargo, lo que más me preocupa es el hecho de que haya habido tantas personas que votaran por él bajo la premisa de que lo hacían por una pobre mujer a quien se le había retirado su candidatura.
Seguro ya conocerán el "caso Juanito" sino, déjenme ponerlos en la misma sintonía en la que estoy: Rafael Acosta nació el 17 de julio de 1958, en la colonia Juan Escutia. Su madre tuvo en total 20 hijos, de los cuales sólo sobrevivieron 12. Rafael fue el último. De familia pobre, nuestro personaje recibió su apodo hace 25 años cuando formó un equipo infantil de futbol en el que había 11 Juanes. Le decían El Juanito Mayor, El Rey de los Juanitos.
Divorciado y con tres hijos, dos vivos, empezó a trabajar desde los 8 años dando grasa y vendiendo chicles en los tianguis. Entre los múltiples empleos que ha tenido se encuentran el de garrotero, mesero, capitán de meseros y gerente.
Su fama comenzó el 16 de junio, cuando Andrés Manuel López Obrador lo nombró su candidato a la jefatura delegacional de Iztapalapa, después de que el Tribunal Electoral anulara la candidatura de Clara Brugada y se la diera a Silvia Oliva. Tanto AMLO como Juanito prometieron que, de ganar, Acosta le entregaría la delegación a Brugada. Con esta promesa lograron conseguir la victoria con más de 180 mil votos para el PT el pasado 5 de julio.
Sin embargo, la historia no terminó como todos esperaban, pues ahora resulta que Juanito como que nomás no termina de despedirse de su cargo y darle por fin la estafeta a Clara Brugada. Tanta ha sido su tardanza en la entrega del puesto que los simpatizantes de Brugada ya
comenzaron a tomar medidas al respecto, al grado que Juanito ya ha denunciado ataques por parte de los simpatizantes de la perredista.
Después de todo lo sucedido, no se preguntan también ¿quién demonios creyó que todo este asunto iba a resultar?, ¿acaso alguien, en su sano juicio, renunciaría a un cargo tan importante y con un sueldo que de seguro ha de ser nada despreciable? Es evidente que el caso de Juanito nos plantea éstas y muchas preguntas más, pero creo que la más importante es: ¿renunciará Juanito al puesto que ganó legítimamente el pasado 5 de julio sólo para cumplir con su promesa de campaña?

1 comentario:

  1. Me gusta la manera en cómo planteas un caso socialmente tan importante, con una comparativa de índole psicológico. ¿Cómo alguien renunciaría a una de las delegaciones con mayor índice social? ¿a qué me refiero? a que a lo mejor no es una delegación millonaria, pero a nivel social te da muchísimos más votos estar de delegado ahí. Creo que tu visión es súmamente acertada y te felicito

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