
El viernes pasado fui a ver el final de una historia que en verdad significó mucho para mí cuando era una niña. He de confesar que, como muchos, iba con miedo de que esta última entrega resultara ser un fiasco. Sin embargo, las ganas de saber qué sucedería con Andy, Woody, Buzz y compañía me convencieron.
La verdad es que valió mucho la pena. Obviamente los efectos especiales son mejores que los de las dos primeras cintas. Basta decir que hay 24 cuadros por segundo y un cuadro en promedio toma seis horas para procesar. Aunque, si incluye muchos elementos y simulaciones, puede tomar hasta 90 horas.
La trama está muy bien pensada. El director, Lee Unkrich, ha dicho que uno de los retos a los que se enfrentaron fue el argumento de la película pues querían que éste fuera convincente y vaya que lo lograron. La historia tiene momentos tiernos, chistosos, tristes y de acción. Es inevitable sentirse identificado con Andy. Creo que quienes vimos las primeras dos partes cuando se estrenaron ya dejamos de jugar con nuestros juguetes y, por lo mismo, sabemos qué se siente no tener ni idea de qué hacer con ellos. Por una parte, reconocemos que ocupan espacio y no tiene sentido tenerlos ahí arrumbados. Por otra, desprendernos de ellos es difícil porque significan algo más que meros objetos. La mayoría opta por regalarlos a alguien que los cuide. El problema es encontrar a ese alguien.
Los personajes son de lo mejor. Además de los clásicos Woody, Buzz, Jessie, Ham, los señores Cara de Papa, Rex y los marcianitos de Pizza Planeta, tenemos a: un indefinido Ken, un no tan bueno oso Lotso, un lindo Señor Espinas, Bebote, Trixie, Telefonito, entre otros.
Los invito a ver esta grandiosa cinta que les hará revivir su niñez. Créanme que no se arrepentirán.
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